por
pobrecito hablador
el Lunes, 02 Octubre de 2006, 14:16h
(#821879)
Para empezar, a la hora de repartir las carteras, el presidente no escoge entre "los 30 millones de personas adultas", sino que en la práctica se limita a un círculo mucho más reducido de personas de confianza. Esto hace que pueda ser bastante más complicado cuadrar los números.
Pero aún así, el principal problema no es de orden práctico, sino de principios y derechos fundamentales, en concreto la no discriminación por razón de sexo. ¿Que hay sucifientes mujeres preparadas para ocupar la mitad de los ministerios? ¿Y qué? De hecho seguramente haya suficientes preparadas para ocupar también la otra mitad. ¿Debemos dárles entonces todos los ministerios por ley a mujeres? ¿Y por qué no discriminar en función del tipo sanguíneo, la provincia de nacimiento, el porcentaje de grasa corporal o las creencias religiosas? ¿Acaso no hay ateos suficientemente preparados? ¿Estarán discriminados porque no se les reserva una couta por ley? ¿No han sido también históricamente discriminados por el fundamentalismo religioso, y a día de hoy todavía muchos les consideran pobres diablos que arderán en el infierno?
Y volviendo a un punto de vista pragmático, no veo cómo el sistema de cuotas pueda servir para que las mujeres de más valía salgan elegidas de todos modos. Si esas mujeres gozaran de la confianza del presidente y fueran las más idóneas para un cargo, sinceramente no me creo que no las escogería por prejuicios sexuales, y si no tienen su confianza, simplemente seleccionará a otras de menor valía que le sean más afines.
Re:[OT] La falacia de lo del 50%
(Puntos:0)Pero aún así, el principal problema no es de orden práctico, sino de principios y derechos fundamentales, en concreto la no discriminación por razón de sexo. ¿Que hay sucifientes mujeres preparadas para ocupar la mitad de los ministerios? ¿Y qué? De hecho seguramente haya suficientes preparadas para ocupar también la otra mitad. ¿Debemos dárles entonces todos los ministerios por ley a mujeres? ¿Y por qué no discriminar en función del tipo sanguíneo, la provincia de nacimiento, el porcentaje de grasa corporal o las creencias religiosas? ¿Acaso no hay ateos suficientemente preparados? ¿Estarán discriminados porque no se les reserva una couta por ley? ¿No han sido también históricamente discriminados por el fundamentalismo religioso, y a día de hoy todavía muchos les consideran pobres diablos que arderán en el infierno?
Y volviendo a un punto de vista pragmático, no veo cómo el sistema de cuotas pueda servir para que las mujeres de más valía salgan elegidas de todos modos. Si esas mujeres gozaran de la confianza del presidente y fueran las más idóneas para un cargo, sinceramente no me creo que no las escogería por prejuicios sexuales, y si no tienen su confianza, simplemente seleccionará a otras de menor valía que le sean más afines.